Atravesando el hueco de una pequeña puerta que daría entrada a la antigua fragua, encontramos la mayoría de las piezas de este museo. La franqueamos escoltados por dos banderas, una tricolor y otra bicolor, justo encima de este paso nos sorprende una bandera requeté o carlista. Pocas cosas encierran tanto simbolismo como una bandera. Las dos banderas pretenden representar al estado español, el mismo espacio físico para distinta concepción social, territorial y cultural. Abundan las definiciones para situar esta realidad física pero sumamente compleja desde el punto de vista de las emociones, así tenemos nominaciones con sus adjetivos para definir patria, nación y país. La bicolor con el águila imperial representa la unidad del territorio bajo una sola dirección, dictadura, además de otra simbología aportada por las facciones que combatieron junto a ella. La tricolor también pretende representar la unidad del territorio pero en la diversidad, o sea, el federalismo. Ambas tienen muchas cosas en común, las Columnas de Hércules con su lema Non Plus Ultra, no más allá, ninguna hace alusión a la corona, no aparece la flor de lis borbónica y sí hacen alusión a los distintos territorios que componen España, agrupados bajo la concepción social, económica, cultural, religiosa, artística… y todo lo que define la vida en común al hombre. Tenemos la bandera falangista y la de las juventudes socialistas, son antagónicas, es el reflejo de la España de la época, no debemos olvidar la bandera anarquista y la requeté. En este contexto prerrevolucionario poco podían hacer los republicanos, demócratas o monárquicos constitucionalistas. Sin querer hacer sociología, es difícil pasar por alto las circunstancias que tras el golpe militar llevaron al país a dividirse en dos en un conflicto que duraría tres años.
Bajo estas banderas, sobre una mesa, hay unos proyectiles semidesgajados, abiertos, una clara alegoría de la destrucción, de las consecuencias de la guerra o por lo menos así lo interpretamos. Parece decirle a las banderas: esto habéis conseguido, la fuerza hace reventar las cosas, utilizad la razón. No deja de ser una interpretación un tanto poética.
Tras el levantamiento de las tropas en África y la división del ejército en la península, el sistema de levas, como la mayoría de la administración queda dividida. Los partidos políticos trataron de persuadir a la población para que se alistase a su causa dando lugar a la aparición de una cartelería propagandística muy creativa. Al lado de las banderas partidistas, estratégicamente situados y aprovechando las columnas del edificio, tenemos ejemplo de estos carteles llamando a la participación con estética fascista o apelando a la unión proletaria, incluso hay un llamamiento a la guerra en francés.
Exposición fotográfica temporal de Javier Marquerie |
La
internacionalización del conflicto es el reflejo de la división que había en el
mundo en esa época, fruto de las diferentes escuelas filosóficas. Es sin duda
imprescindible el estudio de la historia de las ideas, aunque algunos
consideran que todo fue fruto de la situación económica, la pérdida de valores
espirituales, etc.
Nuestra guerra
se internacionalizó y cada bando buscó y obtuvo sus apoyos. La participación en
el conflicto de potencias extranjeras es muy controvertida, lo pasaremos de
soslayo solamente haciendo mención, como veíamos en el apartado de las bombas,
al armamento encontrado en la zona.
En la mayoría
de las vitrinas abunda la munición, así como algún casco, bayonetas, balas y
vainas con sus cargadores, hay una vitrina entera dedicada a las bombas de
mano. El ejército de Franco se abasteció fundamentalmente de material alemán e
italiano, se sabe que también hubo asesores de estas nacionalidades en nuestro
pueblo, sostuvieron parte de la retaguardia italiana que en la primavera de
1937 lanza la ofensiva para llegar a Madrid, conocida como Batalla de
Guadalajara.
El ejército
republicano se abastecía de muchos sitios, pagaba el armamento y la guerra es
un negocio para muchos a pesar de la política de no intervención acordada por
las democracias occidentales. Aparecen municiones francesas, rusas, checas,
polacas, mejicanas, canadienses… Al igual que el ejército rival, también tuvo
sus asesores, la mayoría rusos. Si el ejército de Franco se trajo unos cien mil
moros, en nuestro pueblo participaron dos tabores, apoyando a la República vinieron
unos sesenta mil brigadistas, las llamadas Brigadas Internacionales. No hay
constancia de su presencia en nuestro pueblo.
Varios cargadores de ametralladora de distinta procedencia |
Siguiendo el
paseo por el Museo nos encontramos en un rincón unos pilares de hierro
entrelazados con alambre de espino. Un rollo de este alambre nos dice que eran
muchos los lugares donde se cortaba el paso bien para defensa bien para
delimitar una zona de otra, eran vallas, muros, cercas. Estas palabras se
oponen a puentes. La separación está constatada y el maniqueísmo triunfa: o
estás conmigo o estás contra mí, no hay término medio, la terminología no deja
dudas, zona liberada o zona ocupada dependiendo del hablante. La abundancia de
este material, tanto de guerra como de restos en general de la contienda, hizo
que durante varios años después los habitantes de Abánades vivieran de la
búsqueda de chatarra. En toda la zona aparecen fincas valladas con alambre de
espino procedente de estas trincheras.
Un maniquí con
un poncho que le cubre gran parte del cuerpo, parece ser que entre cuatro
formaban una tienda de campaña, es la única muestra de indumentaria, siendo los
uniformes una parte importantísima para reconocer la ideología, la estética y
la concepción general de lo que representan. Una de las jornadas que organiza
el Museo trató de la indumentaria de los combatientes, fue muy interesante. No
sabemos si hay reproducción gráfica de estas jornadas, pero no se puede dejar
pasar este punto. Difícil sería traer un avión o un carro de combate pero la
indumentaria estaría al alcance de nuestras posibilidades. Desde aquí la
sugerencia y el agradecimiento.
Unas cuantas
maletas de la época se amontonan en el siguiente espacio. Cuando uno ve una
maleta lo primero que le sugiere es el viaje, pero viajar se hace de muchas
maneras, no nos referimos al medio, estamos en guerra y aquí el lenguaje es
desplazados, socorridos, refugiados, los adjetivos son muchos calificando o
determinando otras tantas circunstancias.
Cuando las
tropas se incrementaron y estaba próxima la ofensiva, marzo de 1938, no era
posible pastorear o labrar la tierra, los habitantes del pueblo se vieron
desplazados a otros pueblos con sus ganados y enseres hasta que la situación se
estabilizase. Algunos, que tenían ideología definida, buscaron refugio en las
autoridades para que protegiesen su vida, de una manera u otra la convivencia
está rota y la maleta preparada. En la exposición aparecen las maletas de
madera utilizadas por los soldados al incorporarse a filas.
Atrás dejamos
una vitrina con documentos de la época, la preguerra y la posguerra, la
dejaremos para otro tipo de análisis. Estamos metidos en el conflicto y
aparecen por primera vez los protagonistas. Una gran fotografía, ampliación de
una pequeña, muestra a un grupo de soldados vestidos de paisano, sonriendo, con
los bigotillos de moda en la época y la estética de ese tiempo. Esta foto fue
donada por los familiares de uno de estos combatientes, un músico catalán
afamado en ese momento y que tocaba en una orquesta en Barcelona. Hay una
sardana compuesta en esos días que recoge el sentido de los combatientes
catalanes en estos parajes, Catalanes en
la Alcarria es el título. Sirva
este ejemplo para reseñar la mezcla de gentes, condición social y procedencia
geográfica que convivieron en las
trincheras.
Soldados catalanes de la 138 Brigada Mixta del Ejército Popular en el frente de Abánades |
Había vida
cotidiana en la retaguardia dentro de la excepcionalidad que supone tanta gente
movilizada, no siempre se estaba tirando tiros, aunque sí había que estar
preparado para ello. Pero quedaba tiempo para bromas, juegos y actividades
diversas, Te veo en el aire como la Petra
de Canales, broma o burla, según se mire, que se le gastaba a una tal
Petra, natural del pueblo citado, parece que los soldados republicanos le
prometieron llevarla a Rusia en su aeroplano. Los arqueólogos encontraron
juegos de damas rudimentarios hechos por los soldados.
La República
tenía un programa de alfabetización, aparecen muchos tinteros. Atrás dejamos
una vitrina con elementos de higiene personal, brochas de afeitar, maquinillas
de cortar el pelo, marmitas para el rancho, botes de conserva abiertos con la
bayoneta. Hay una frase que quedó en la memoria colectiva, Hay más gente que en la guerra.
Pequeña colección de tinteros de trinchera |
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