Asociación de Amigos de los Espacios Históricos de Abánades

Asociación de Amigos de los Espacios Históricos de Abánades - Museo Histórico, C/ Puente de las Eras, Nº 5, 19432 Abánades (Guadalajara) España.

miércoles, 28 de abril de 2021

La enfermera de Sigüenza - Primera parte

HOSPITAL DE SANGRE

Equipo al completo del Doctor Estella en el patio del Hospital de Sangre de Sigüenza

“Únicamente en la alta noche, en esta paz momentánea del conticinio, es posible encontrar un punto de sosiego para recapacitar sobre la tragedia del día –la del día que ha pasado y la del día que va a venir–, para rezar por los que murieron ayer y por los que han de morir hoy y, si queda lugar, para escribir unas frases de aliento y esperanza a los deudos lejanos, aunque no sea más que para que no se crean que también ella ha perecido. Pronto vendrán los claros del día y comenzarán otra vez el afán y el horror de la guerra.”

Con esta cruda y lúcida narrativa, la magistral pluma de Manuel Chaves Nogales nos transporta a la cotidiana crueldad de los momentos de inactividad de la trastienda del frente de guerra. “Hospital de Sangre” es un magnífico artículo rescatado del olvido, traducido y publicado recientemente y protagonizado por una enfermera.

Miles de mujeres valientes dejaron a un lado sus creencias, rompieron prejuicios y, sacrificando su juventud, tuvieron que madurar y aprender a la carrera el oficio, para desarrollar un impresionante trabajo en un entorno complicado con el objetivo de mitigar la barbarie que fue la guerra civil.

Cuando conocimos a Matilde Gamboa nos sorprendió y mucho su historia. Una jovencísima enfermera que auxilió y curó a los soldados que acudían al Hospital de sangre de Sigüenza. Hoy a sus 102 años y con una sonrisa en los labios, se nos presenta esta encantadora mujer para compartir con usted, querido lector, parte de la historia de su vida. Le agradecemos enormemente cómo contestó con suma amabilidad a todas y cada una de las preguntas que le hicimos llegar. Admiramos profundamente su memoria intacta que recuerda momentos vividos durante la guerra civil española en aquel lugar y la atención ofrecida a los pacientes que a sus manos llegaban del frente, incluidos los italianos del CTV. Ella se enfrentó cara a cara a los horrores de la guerra y salvó la vida de tantos y tantos hombres. Jóvenes de antaño que hoy son abuelos, nuestros abuelos…  Acompáñenos en esta deliciosa charla con ella.

“Me llamo Matilde Gamboa. He nacido en Sigüenza el 23 de febrero de 1919 y durante la Guerra Civil estuve en Sigüenza todo el tiempo. Cuando se liberó Sigüenza de la ocupación de las milicias, entonces fui de enfermera al hospital. Y estuve todo el tiempo que duró la guerra allí, en el hospital. Y cuando llegaron los italianos también les asistí porque después del combate en Guadalajara, muchos de ellos volvieron a Sigüenza”.

Matilde (a la derecha) junto a dos compañeras en el Paseo de la Alameda de Sigüenza

Han pasado muchos años de todo aquello. Pero empecemos por el principio: ¿cómo fue su vida antes de la guerra? Cuéntenos.

¿Antes de la guerra? Hasta entonces mi vida había sido básicamente estar con mis padres. Una hermana mía se había casado y se había ido a vivir fuera de Sigüenza. Y yo me iba a menudo a Ciudad Rodrigo que era donde vivía para estar con ella. Eso era todo, mi vida se limitaba a ir al colegio a estudiar. E imaginaba que después de esa etapa estudiantil vendría un hombre, me casaría y tendría hijos. Cuando llegó la guerra yo tenía 17 años.

Ante esa convulsa situación política, ¿imaginaba usted que podría desencadenarse una guerra?

Pues veía la situación en España muy mal. Pensaba que se iba a la deriva y que no, que no era eso lo que debería ser.

Con 17 años es aún muy pronto para tender hacia una u otra ideología. ¿Pero nos podría decir por qué pensamiento político sentía usted mayores simpatías?

Yo era completamente monárquica y cristiana.

Y aun teniendo usted las ideas tan claras, ¿tenía usted amigos, conocidos o familiares en ambos bandos?

Todos mis amigos eran monárquicos o falangistas. Pero luego, en la guerra, hubo también gente que estuvo en mi familia que apoyó al bando republicano.

¿Recuerda cómo y dónde vivió el inicio de la guerra?

Pues vivíamos en Sigüenza. Y ese tiempo lo vivimos con mucho temor por la vida de mi padre, que era monárquico y veía que la situación estaba muy mal. Él sabía que si entraban los milicianos, que entraron a Sigüenza, a él le iban a perseguir. Y aunque no se había metido en política nunca, era una persona relevante allí.

Detalle de un mapa de la Columna Marzo fechado el día 2 de octubre de 1936. Archivo General Militar de Ávila.



¿Y cómo vivió la batalla de Sigüenza?

Un día llegaron unos aviones tirando periódicos que anunciaban que el enfrentamiento iba a ser inevitable. Los sublevados se encontraban muy cerca de Sigüenza y mi hermano se enteró de esta noticia. Quería irse para incorporarse junto a ellos. Pero no quería ir solo, quería que mi padre lo acompañara. Mi padre se negó temeroso de que si no lo encontraban en casa pudiéramos sufrir algún daño nosotras en represalia. Y entonces toda la familia permaneció en Sigüenza.

¿Y decidió en ese momento hacer algo, enfrentarse a los que querían matar a su padre?

No, porque no me dejaban salir de casa, no salíamos prácticamente nada. Nos dedicábamos a esconder a mi padre porque los milicianos vinieron en infinidad de ocasiones buscándole para matarle. Durante el periodo en el que los milicianos controlaban la ciudad esa era prácticamente nuestra rutina diaria.

Pero aún con esa desagradable experiencia, usted sí decidió participar de alguna forma activa en la guerra…

Sí lo hice, sí. En cuanto los nacionales entraron en Sigüenza y supe que mi padre estaba a salvo, inmediatamente me fui al hospital para lo que necesitaran, para poder ayudar en lo que fuera. Después, dentro del hospital nos dieron unos cursos de enfermería y seguí de enfermera. Me pasé toda la guerra atendiendo a los heridos que llegaban al hospital.

Ejemplo de la devastación producida por la artillería rebelde en la Catedral de Sigüenza. Biblioteca Nacional de España.

¿Enfermera? Pues no era en absoluto una labor menor… ¿Dónde estuvo?

Desde que liberaron Sigüenza hasta que terminó la guerra yo estuve de enfermera en el hospital, desde los 17 hasta los 20 años. Al principio con soldados, cuidando de ellos. Luego después estuve en clasificación, que era cuando llegaban del frente y había que quitar los vendajes para ver que tipo de heridas tenían, si era arma de fuego, de metralla o de lo que fuera. Y después en quirófano, en el equipo del doctor Estella. Y allí permanecí hasta que terminó la guerra.

¿Era el único hospital que había en Sigüenza entonces?

Nooo, había más… Yo estuve ejerciendo mi labor como enfermera en el Palacio del Señor Obispo, (actual residencia de ancianos). Pero hubo al menos dos hospitales más durante parte de la guerra. Estaba el Palacio de Infantes que era un edificio enorme y precioso. Allí se trataba a los enfermos de guerra, que no heridos. Y también había otro más pequeño en la calle del Seminario

Uno de los accesos del desaparecido Hospital de Sangre de Sigüenza en la actualidad

Allí en el hospital debió usted ver cosas muy horribles. Hombres y jóvenes con heridas muy graves. ¿Alguna experiencia dramática que le impactó?

Pues la verdad es que pasé mucho más miedo cuando venían a buscar a mi padre. Porque nos decían que si lo encontraban, lo mataban. Recuerdo bajar a abrir la puerta para que no fueran las muchachas de servicio y estar entreteniéndolos mientras se escondían los cuatro hombres que teníamos en casa. En una de las ocasiones una de las amas de cría les reveló el lugar en el cual estaban escondidos y hubo que cambiarlos de sitio rápidamente… Eso fue horrible. Recuerdo con horror todo el tiempo en el que los milicianos tuvieron el control de Sigüenza.

Volvamos al Hospital. Nos dice usted que era muy grande. ¿Cuánto personal había en el Hospital de Sangre?

Había tres quirófanos entonces y yo estaba en el equipo del Doctor Luis Estella desde la ofensiva italiana hasta el final de guerra. Como os he comentado, primero estuve en sala, luego en clasificación donde llegaban los heridos del frente y se les realizaba la segunda cura porque ya venían vendados del frente. Tenías que descubrir los vendajes y comprobar qué tipo de herida traían para valorar la gravedad y decidir si ingresaban en el hospital o se les mandaba fuera. Mandábamos fuera enseguida a todo el que podíamos ya que el hospital estaba expuesto a los bombardeos de la aviación enemiga. Dentro del hospital, que yo sepa, había dos quirófanos: uno era el del Comandante Madruga y otro el del Capitán Estella, que era donde yo estuve trabajando.

Quirófano a pleno rendimiento. Biblioteca Nacional de España.

¿En un hospital tan grande había siempre el mismo volumen de trabajo u oscilaba según los combates?

Siempre había trabajo ya que, a pesar de ser un frente estabilizado, llegaban heridos constantemente. Pero durante la ofensiva italiana sobre Guadalajara, con diferencia, fue cuando más trabajo tuvimos.

¿Recuerda algún nombre, alguna cara de todas aquellas a las que atendió?

Recuerdo perfectamente a mi primer herido. Era un chico jovencito, tendría unos 15 o 16 años. Se llamaba Camilo Montes y era gallego. Cuando este muchacho se marchó del hospital, su padre me escribió una carta muy bonita acompañada de unas fotografías de Celanova, su pueblo. En esa carta me invitaban a visitarles cuando pudiera hacerlo. Me habló de la ferretería que el padre del muchacho regentaba y que les encantaría conocer a la persona que había salvado la vida de su hijo. Y mira tú por donde, hace dos años fui a Galicia y visité Celanova. Pregunté por ellos, por la ferretería del padre... Y la encontré. Allí estaba, con un cartel con el nombre del padre, Sergio Montes. Conseguí hablar con el hermano de Camilo que me contó que este había fallecido dos años antes de mi viaje. Por dos años no llegué a verlo. Y la verdad es que me hubiera encantado saludarle.

La aviación republicana bombardea Sigüenza el 21 de marzo de 1937. Archivo General Militar de Ávila

¿Y alguna anécdota curiosa, graciosa o simpática?

Bueno, no tengo muy claro que esta anécdota pueda ser graciosa… en fin.

Regresaba a casa una noche después de mi turno en el hospital, debían ser como las dos de la mañana más o menos. El caso es que estaba lloviendo, había atendido a un montón de soldados españoles, los italianos aún no habían venido. El caso es que llovía y estaba bastante oscuro, ya que entonces en Sigüenza no había luz. Yo iba deprisa y con bastante miedo, cuando de repente uno que estaba en el quicio de un portal se abalanzó sobre mí metiéndose de repente bajo mi paraguas. Lo curioso es que asustada como estaba en vez de gritar o pedir auxilio le dije –“Uy, qué susto me has dado y menos mal que has aparecido, que venía yo con un miedo por aquí que para qué… mira que bien. Así me puedes acompañar”–. A lo que él respondió –“Yo, señorita, por las enfermeras lo que haga falta”–. Y me acompañó hasta la puerta de mi casa. Y allí me dejó. Un hombre encantador.

Heridos ingresados en el Hospital de Sangre entre el 31 de marzo y 5 de abril de 1938. Archivo General Militar de Ávila.



Continuará...

Texto: Rosa Moreno

Mapa, documentos y fotografías: Matilde Gamboa, Ismael Gallego, Archivo General Militar de Ávila y Biblioteca Nacional de España.

miércoles, 3 de febrero de 2021

El Confesionario

ESPACIO HISTÓRICO "EL CONFESIONARIO"

Cota 1.097, cuadrícula 699-599 de la época

La posición de "El Confesionario", situada en la cota 1.097 al oeste de Abánades, fue una de las primeras posiciones en las que se combatió durante la Guerra Civil Española.

A primeros de 1937 las Milicias Aragonesas (más tarde transformadas en la 72 Brigada Mixta) tomaron Abánades y las parideras que allí había, estableciendo una posición. Durante los meses de enero y febrero de 1937 se combatió con dureza a las tropas franquistas de la División Soria que trataban de recuperar el paso estratégico de Abánades. Fue en marzo de ese mismo año, con la llegada del CTV italiano cuando los republicanos las abandonaron.

Soldados del EPR antes del combate

En marzo y en abril de 1938, durante la Batalla del Alto Tajuña o "Batalla Olvidada", el Ejército Popular de la República, debido al empuje inicial de la ofensiva, vuelve a recuperar la posición pero después de varios días de fuertes combates vuelve a caer en manos del Ejército Nacional.

Concluída la ofensiva gubernamental y contraofensiva rebelde se fortificó a conciencia formando parte de la nueva línea defensiva. Esta posición quedó en poder de los franquistas hasta el final de la Guerra Civil Española.

 

Texto: Julián Dueñas Méndez

Mapa: Archivo General Militar de Ávila 

Fotografía: Biblioteca Nacional de España

 

jueves, 3 de diciembre de 2020

CIPRIANO MERA: general anarquista


L’HUMANITE del 3 de Enero de 1938

CIPRIANO MERA: general anarquista

Por Simone Tery

Madrid, diciembre.- Le he preguntado a Cipriano Mera, que manda hoy en día un cuerpo de ejército, y que fue uno de los militantes anarquistas más conocidos de España, que me contara su vida de militante.

- Mi vida no tiene ninguna importancia, me dijo amablemente. El pasado no cuenta. Lo único interesante es que a los veintiséis años yo no sabía ni leer ni escribir. Incluso me casé por la iglesia, ¡fíjate si era ignorante! Pero un día fui a ver a uno de mis compañeros que estaba en prisión. Era un anarquista. Saliendo de allí los policías me preguntaron por qué me relacionaba con un anarquista. Les dije que era amigo mío y que nunca me había preocupado por la política, lo que era verdad. Pero no quisieron creerme y me encarcelaron. 

Entonces Cipriano Mera cuenta cómo aprendió a leer y escribir en prisión y se hizo anarquista por contacto con otros anarquistas.

- ¿Qué más quieres que te diga? Termina

- ¡Cómo te condenaron a muerte por ejemplo!

- ¡Ya te digo que eso no tiene ninguna importancia! Es completamente normal que un obrero haga todo lo que pueda para que las desigualdades sociales desaparezcan, para que todos los hombres puedan pensar y vivir felices. Cuando me metían en la cárcel también era normal: la burguesía tiene que defenderse de sus enemigos, es algo habitual.

El 18 de julio de 1936, cuando estalló la rebelión, yo estaba en la cárcel por una huelga de la construcción en Madrid. Dos días después nos liberaron y delante de la cárcel había un camión lleno de armas y munición. Así que nos dieron fusiles, a mí y a mis camaradas. Imagínate la alegría con la que yo sujetaba aquel fusil. Pensaba que estaba soñando.

- ¿Y cómo llegaste a mandar un cuerpo de ejército?

- Es una historia divertida. Yo había hecho solamente treinta y seis días de servicio militar con veinte años, saqué un buen número. ¡Pero ya te digo que no sabía nada de lo militar! Enseguida nos enviaron a Carabanchel y luego a Getafe.

- ¿En qué regimiento?

- No tengo ni idea. Sólo sé que había fascistas en frente y que combatíamos, sin jefes. En julio del 36 recuperamos Guadalajara de los fascistas, tras un combate bastante duro. Fue en Buitrago donde los milicianos de la CNT me nombraron delegado de quinientos hombres. Un poco más tarde me eligieron delegado de todos los milicianos anarquistas para la provincia centro.

 

350 supervivientes de un total de 1000  

Pero el enemigo tenía muchas armas y nos obligaron a retroceder hasta Cebreros. Luego nos enviaron a la región de Teruel, donde recuperamos seis o siete pueblos. Entonces ocurrió la marcha sobre Madrid, en noviembre, y nos reclamaron urgentemente mil voluntarios para Madrid.

Salimos de noche en camiones, y a la mañana siguiente contraatacamos en la Casa de Campo y avanzamos hasta el cerro de Garabitas. Yo no había engañado a mis camaradas diciéndoles que se trataba de morir: ¡al cabo de dos días sólo quedaban 350 de los 1000! Después de eso Pozuelo y Aravaca fueron tomados por el enemigo.

 

Nos hace falta un ejército disciplinado

Fue en ese momento cuando cambié radicalmente de opinión. Comprendí que el valor de los milicianos no era suficiente para vencer a los fascistas, y que sólo se puede vencer a un ejército disciplinado oponiéndole otro ejército disciplinado. Comprendí que era totalmente necesario terminar con las milicias, y ayudé a crear la 39 brigada del ejército regular. Después el general Miaja me nombró jefe de división. Mira si es curioso: ¡de simple miliciano fui ascendido directamente a jefe de la 14 división! Luego nos enviaron a Brihuega cuando se rompió el frente de Guadalajara, e hicimos retroceder a los italianos hasta Jela.

 

 

Después participamos en la ofensiva de Brunete, y me nombraron jefe de cuerpo de ejército. ¡Y aquí estoy!

- Entre todas las sorpresas de esta guerra de España, para mí una de las más inesperadas es ver un anarquista mandar una unidad regular, ¡hablar de disciplina como haría un comunista!

- Hoy en día no se trata de anarquismo ni de comunismo. Entre los soldados no sólo hay anarquistas y comunistas, sino republicanos, socialistas, ¡de todo! Pero yo no lo quiero saber, sólo quiero saber de antifascistas. Y yo también, por el momento, no quiero ser otra cosa que un soldado antifascista.

 

He entendido lo que es la disciplina

Qué quieres, al principio de la guerra había muchas cosas que yo no entendía todavía. Pero una persona con el tiempo cambia su manera de ver las cosas, la realidad se encarga de darle lecciones. Así yo creía que se podía esperar todo de la bondad de los hombres, de su entusiasmo. Pero he descubierto que la autodisciplina es algo muy relativo porque interviene el instinto de conservación. Un miliciano puede lanzarse al combate con ardor, pero las razones del cañón y los morteros son más fuertes que su voluntad de vencer y le incitan a salvar su vida. Por eso hace falta que una voluntad externa tome el lugar de la suya propia, que se está tambaleando. Si al hombre no se le impone una disciplina desde fuera, toda su dedicación, todos sus esfuerzos se pierden.

La libertad individual está muy bien, pero siempre que no perjudique el interés de la colectividad. Yo he visto buenos camaradas que nos han hecho daño y que se han echado a perder abusando de su libertad.

 

¡Ganar la guerra!

Mera se quedó en silencio un instante. Su rostro conmovedor se endureció.

- Para mí, prosiguió con una voz ardiente, sólo cuenta una cosa: GANAR LA GUERRA. Sólo hay un problema a resolver: GANAR LA GUERRA. Todo el resto depende de eso: GANAR LA GUERRA.

Ganar la guerra, repitió, y no solamente por España. La misión de nosotros los españoles es parar el fascismo, porque si triunfara en España se implantaría luego en Francia y a continuación en el mundo entero, y eso sería el fin del proletariado.

Es por eso por lo que debemos olvidar por el momento nuestras ideologías particulares. En los días de la milicia, mientras que nos dedicábamos a discutir, discutir, discutir, el enemigo continuaba avanzando, avanzando, avanzando. No hay que discutir, hay que vencer. Y para vencer, hace falta primero y ante todo disciplina.

Por eso como militar acepto resueltamente el mando único. Está claro que no hay dos maneras de mandar un ejército, sino una sola.

Y para eso hace falta una voluntad única, un solo hombre. Hace falta que todos los jefes obedezcan a ese hombre, la primera virtud  de un jefe militar es la obediencia. Si no sabes obedecer no sabes mandar.

 

Traducido por el Coronel Carlos Ovejas del Instituto de Historia y Cultura Militar



 
   

sábado, 10 de octubre de 2020

¿Tiene vida el museo?

¿TIENE VIDA EL MUSEO?
 
  
"Memorias de África" en el Museo Histórico Municipal

El título de este pequeño escrito plantea un pregunta que desde el punto de vista de la biología sería un sinsentido, ¿cómo van a tener vida los trozos de metralla, las vainas de artillería, las latas y las banderas?. Los objetos materiales que allí se exponen, desde esta perspectiva todos los museos son inertes, ahora bien, los museos cobran vida en el momento en el que el espectador, visitante, se acerca a observar estos “art-factos” que allí se exponen, aquí encontramos el sujeto y el objeto.

La obra de arte “arte-facto” hecha por el hombre y que se encuentra en todos los museos, exceptuando los museos de ciencias naturales, distinguiendo de esta manera la naturaleza “fisis”  de lo cultural “cultivo del espíritu humano”. La naturaleza “fisis” es como es, no suele ser mutable y en todo caso es casi predecible, y suele llevarnos a términos concretos y es más fácil de estudiar que la naturaleza humana.

En la naturaleza hay auténticas maravillas para los sentidos esculpidas por los fenómenos naturales y el paso del tiempo (de lo bello y lo sublime), la acción del hombre está trastocándolo, evitémoslo, no hay otro planeta.

Centrémonos en el espíritu humano que produce las obras de arte. Decíamos que en todo museo está el objeto expuesto y el sujeto que lo observa, es aquí en donde creo que el museo recobra vida, cuando el espectador se introduce en el objeto, quiere saber el por qué de las cosas, trata de captarlo con el intelecto y quiere explicaciones a la catarata de preguntas que le surgen de todos los rincones. La curiosidad por las cosas es el motor del conocimiento y el preguntarse continuamente por lo que hay, esta curiosidad que es muy personal apunta en varias direcciones dependiendo del sujeto, no tanto del objeto a estudiar, de este modo según la formación, actitud ética, la cultura de cada uno, en definitiva según sea el sujeto así serán sus preocupaciones de esta manera exigiremos explicaciones técnicas sobre los materiales utilizados tanto desde la física, la química y las ciencias positivas. Si tenemos una vaina de artillería querremos saber todo lo referente a este artefacto, el calibre, el alma del cañón, su potencia explosiva, el alcance... Estas preguntas son extensibles a cada uno de los objetos, ametralladoras, fusiles, bombas de mano, en definitiva, no nos preguntamos por el fin ni las causas no pasamos del análisis material del objeto. Pero como todo está concatenado y aunque se tenga preferencia por lo técnico no se deja de ver el fin y en este museo los objetos que aquí se exponen tienen como fin el doblegar por la fuerza al contrincante, vencer al enemigo. Cuando fracasa la política en el parlamento mediante el convencer “vencer con argumentos” esto implica negociación, ceder pues nunca la razón, en su totalidad, está en una parte, cuando se trata imponer por la fuerza se pierde la razón: quizás el hombre siempre fue así.  

En Carrascosa del Tajo hay un bar conocido como el de La Fermina, este bar tiene en sus paredes un auténtico museo etnográfico todo tipo de “arte-factos”, utensilios para la vida cotidiana, lo expuesto tiene su arte razón de ser práctico, el fin de estos utensilios era hacer más llevadera o de alguna manera domeñar algunos aspectos de la dura vida del labriego antes de la mecanización del campo.

    Más arriba hablábamos de naturaleza y espíritu humano, diremos que la familia es la única organización natural, las demás son convencionales, inventadas por el hombre, no somos eremitas y tampoco nos gusta a la mayoría como cenobitas, luego vivimos en organizaciones sociales, pueblos, ciudades. Estado fruto de ese hacer marcado por la necesidad de convivencia lo que llamamos sociedad sin perder la vista al individuo y su libertad.

Pero volvamos al museo, aunque en ningún momento lo perdimos de vista, antes hablábamos de los objetos materiales llamemos los duros, las banderas tienen toda una carga emotiva un significado son trozos de tela coloreados y algunos hombres son capaces de matar o morir ante tal signo. Estamos entrando en lo más escabroso pero no menos real de nuestro museo, he puesto como referencia las banderas que aglutinan de una manera inmaterial todo aquello que tratamos de narrar el por qué, el fin y las consecuencias.     

El museo es muy rico en matices, hay que entender que en una guerra todo gira en torno en servir a los combatientes, esta actitud por mi parte en buscar la esencia de las cosas virtud o defecto de la filosofía me hace perder detalles que darían luz a muchos interrogantes, hay cantidad de objetos que nos hablan del porqué de las cosas, desde las más simple a las más complejas, desde una medalla y un tintero a los uniformes de los combatientes.

Mi pregunta es si el museo está vivo y la respuesta hasta ahora es que depende del espectador pues los actores ya hicieron el trabajo y muchos murieron por ello. Aquí abrimos otra cuestión, la historia se nos muestra  en nuestras indagaciones puesto que los hechos ocurrieron. “La historicidad existencia real comprobables estos acontecimientos”, esto implica una búsqueda de la verdad. ¿Hay perspectiva histórica para analizarlos sin emotividad y pasión?. Por otra parte tenemos el historicismo, de qué manera ha incidido en nuestra forma de entender la vida, sin lugar a dudas una guerra civil traumatiza y la repercusión es patente en cuanto observamos a las personas más cercanas, por edad, al conflicto.

Quizá sea este un nuevo apartado que deba afrontar el museo para sentirse más vivo, no sólo ser una mostración que es un gran logro sino también una demostración o sea un debate sobre el por qué, el conflicto en sí y las consecuencias.

No debemos tener miedo a asumir este reto, al igual que podemos someter a crítica las guerras carlistas también debiéramos someter a crítica, debate público, nuestra guerra civil de esta manera arrojaríamos a los guerra-civilistas y profundizaríamos en la democracia. Hoy, afortunadamente, la innovación tecnológica nos libra de las precariedades del pasado, todo tiene su coste y este es el deterioro ecológico, seamos capaces que la otra pata que sustenta el progreso “la paz social” esta sólo se obtiene con más y mejor Democracia. 

 

Abánades, a dos de septiembre del dos mil veinte

 

Antonio Gutiérrez Layna